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martes, 4 de febrero de 2025

Museo Helga de Alvear | "Eso es el arte"



Acercar el arte contemporaneo a todos los públicos y particularmente a jóvenes y niños ha sido el sueño de una galerista y  coleccionista que con el museo que lleva su nombre en la ciudad de Cáceres ha dejado un legado a un país que amó desde muy joven. 

Helga de Alvear, "Que la suerte te acompañe depende de tí"

https://www.hoyesarte.com/exposiciones-artes-visuales/s30-galerias/adios-helga-de-alvear_334451/?utm_source=Boletin_20250203_1747&utm_medium=boletin&utm_campaign=boletin


Muchos recordaremos su galería en Madrid, cerca de Lavapiés y del Reina Sofía. 

Me hubiera gustado ver el museo que creó en Cáceres y cuando ahora he visto un vídeo sobre el trabajo que hacen con niños y jóvenes para acercarles al arte contemporáneo de una manera original y fantasiosa me alegra ver como su afición al arte y al coleccionismo se ha plasmado en un sueño que ya es realidad. 

martes, 21 de enero de 2025

El derecho a la salud mental. Marina Pinilla en Ethic

Hoy, el mensaje es tan claro como conciso: pide ayuda psicológica si la necesitas. El problema es dónde encontrarlaEn España, hay un psicólogo clínico por cada 16.667 habitantes. Algunas de estas personas tienen la suerte de contar bien con un seguro de salud en su empresa que cubre la terapia psicológica o bien con un salario que les permite afrontar ese gasto. Otras, las más jóvenes y escolarizadas, pueden recibir atención psicológica privada gratuita gracias al seguro escolar. Sin embargo, muchas dependen única y exclusivamente de la Seguridad Social, y al recurrir a ella se encuentran con una cruda realidad: largas listas de espera y medicalización del sufrimiento. 

«Pasaron dos meses hasta que tuve la primera consulta», relata María José, madrileña de 58 años que acudió a su médico de cabecera en busca de una cita con un psicólogo clínico por una depresión con ideaciones suicidas. La primera línea de tratamiento fueron los psicofármacos. «Recuerdo muy mal aquellos meses. Estaba muy confundida. Necesitaba hablar con alguien y que me ayudasen a salir del hoyo, no unas pastillas para acomodarme en él», reflexiona. 

Enrique, salmantino anónimo de 35 años, vivió una experiencia similar. Tras quedarse sin trabajo durante la pandemia, pidió a su médico una derivación al psicólogo de la Seguridad Social. Este se negó. «Me dijo que yo no necesitaba un psicólogo, que ya si eso me recetaba él algo. Que lo que tenía que hacer era trabajar. Claro que necesitaba trabajar, pero en aquel momento tenía unas crisis de pánico que no me dejaban dormir por la ansiedad. Era algo diario. No lo soportaba más», se lamenta. No obtuvo la cita pese a su insistencia, pero sí una receta de Alprazolam y Sertralina, una benzodiacepina y un antidepresivo respectivamente. 

No son casos aislados: son la evidencia de que, a día de hoy, la salud mental sigue siendo un derecho por conquistar; cambiar este paradigma no es una cuestión exclusivamente social o moral, sino también económica.

Muchas personas dependen únicamente de la Seguridad Social, que cuenta con largas listas de espera y una fuerte medicalización del sufrimiento

En el contexto de la salud, nos encontramos con tres tipos de costes. En primer lugar, los directos, que son aquellos relacionados directamente con la tecnología sanitaria evaluada y abarcan el personal, la hospitalización, las pruebas diagnósticas, las intervenciones, los medicamentos, el transporte al hospital, la infraestructura o los servicios informales, entre otros aspectos. También existen los costes indirectos, que hacen referencia a los cambios en la capacidad productiva de la persona que padece un problema de salud, siendo el caso más extremo la mortalidad, pero también la incapacidad laboral o las prestaciones por dicho motivo. Finalmente, los costes intangibles son aquellos que se relacionan con el sufrimiento del paciente y que prácticamente nunca se tienen en cuenta.

Según un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Médicas Hospital del Mar, en el año 2014 los trastornos mentales supusieron ungasto de 46.000 millones de euros anuales para España, coste que supera por creces al gasto público en sanidad. De esta cifra, el 47% del gasto se asociaba a costes indirectos, el 41% a costes directos y el 12% a costes no sanitarios o intangibles. 

Cabría pensar que el aumento de plazas PIR que ha tenido lugar durante la última década y la visibilización de la salud mental ha mejorado la atención psicológica reduciendo el consecuente gasto público, pero no es así. Tal y como revela una investigación realizada por Fremap, mutua colaboradora con la Seguridad Social, las bajas laborales relativas a la salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021, aumentando también la duración media de estas a casi cien días. 

Las causas más frecuentes de dichas bajas son los trastornos de ansiedad y depresión, y en ambos casos nos encontramos con una recomendación común en las guías de práctica clínica: el tratamiento de elección debe ser la psicoterapia, cuatro veces más eficaz que los psicofármacos a la hora de tratar ambas problemáticas. Esta eficacia se evidencia en una reducción de los síntomas más acusada y en una recuperación sostenida en el tiempo, tal y como sostienen múltiples estudios. A través de un ensayo realizado con un total de 1.200 pacientes pertenecientes a 28 Centros de Atención Primaria de 10 comunidades autónomas, se encontró también que la mitad de los españoles con ansiedad y depresión acuden a su centro de salud con una hiperfrecuentación, lo que conlleva 19 veces más consultas que las personas sin problemas emocionales. En consecuencia, el médico de familia sufre tal exceso de demanda que a menudo no puede dedicar más de cinco minutos a dichas consultas, prescribiendo en exceso psicofármacos que, aunque reducen de forma pasajera los síntomas de ansiedad o depresión, mantienen el origen del problema. 

Las bajas por salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021

¿Se puede convertir la salud mental en un derecho constitucional? Sí, pero para ello es necesario cambiar el paradigma biologicista. La salud mental se nutre de lo psicológico, pero también de lo social y lo económico, algo que pudimos comprobar en primera persona durante el confinamiento por el coronavirus. 

La falta de apoyo social, la medicalización del malestar, la precariedad económica y la incertidumbre respecto al futuro laboral son caldo de cultivo para la aparición de trastornos de ansiedad y trastornos depresivos crónicos e incapacitantes. En este clima, cabe preguntarse de qué sirve una plaza PIR más o menos si todas las personas con que mantenías relaciones han tenido que emigrar y tu familia vive en una ciudad casi marginal a la que a duras penas llega el AVE; si tu médico de familia no considera relevante tu problemática y te receta, tras mediar un par de frases contigo, Orfidal a dosis bajas hasta la siguiente revisión; si tu casero quiere convertir el piso en un apartamento turístico y todos los alquileres que te puedes permitir están a hora y media de tu lugar de trabajo o si tu jefe se niega a darte de alta en la Seguridad Social y, a mayores, te exige horas extras no remuneradas. 

Se necesita construir la casa desde los cimientos. Si bien los psicólogos clínicos vertebran el Sistema Nacional de Salud y parte de la sociedad, también lo hacen el resto de condiciones materiales que recurrentemente se pasan por alto. De no protegerlas, la salud mental jamás será un derecho de todos, sino un privilegio de unos pocos.

sábado, 12 de octubre de 2024

La ambición callada y los jóvenes, Santiago del Molino en Ethic


Alicia Adamczyc es una periodista económica de Nueva York que en 2023 acuñó el casi oxímoron quiet ambition, ambición tranquila o callada. Digo que es un casi oxímoron porque la ambición puede ser tranquila y callada sin dejar de ser ambiciosa, no hay contradicción entre sustantivo y adjetivo. De hecho, una ambición sosegada es una forma muy inteligente y madura de ambicionar algo. 

"El sintagma se ha hecho popular, pese a que no expresa bien lo que quería contar Adamczyc, que hablaba del cambio de espíritu de los jóvenes, desapegados de la competencia profesional y reacios a entregar su vida al trabajo, como hacemos los mayores. Adamczyc analizaba una falta de ambición, no una ambición tranquila. El resumen de su texto, publicado en la revista Fortune, era que el sueño americano de esfuérzate y vencerás no se lo traga nadie, y que una parte de los jóvenes ha decidido que se esfuerce Rita.

Unas empresas que no ofrecen más que escasez y fideos chinos de microondas para cenar no pueden esperar de sus trabajadores pasiones ni lealtades. Una corporación regida por fondos de inversión y centrada en la rentabilidad a corto plazo no puede crear espíritus corporativos o sentimientos de equipo. ¿Cómo se va a comprometer nadie con una empresa, si ni siquiera sus ejecutivos están comprometidos con ella? ¿Qué esfuerzos puede pedir a una plantilla un CEO oportunista que hoy dirige una compañía y mañana otra en otro sector diferente?

La quiet ambition es una respuesta racional, pero también un autoengaño, pues su propósito es convencer a quien la practica de que es el dueño de su vida y destino. No es cierto: no ha sido él quien ha decidido que el trabajo no es el centro, otros lo han decidido por él. Renuncian a un mundo que ya les había expulsado de antemano. Por eso no está bien que los viejos privilegiados que hemos encontrado en el trabajo una forma de estar en el mundo (y a algunos no nos avergüenza decirlo) nos enfademos por sus acusaciones. Al contrario: hay que desearles que trasciendan ese discurso consolador y autocomplaciente y encuentren en la organización, la solidaridad y el conflicto una manera de responder a la injusticia que se ceba con ellos. Porque del aire tampoco van a vivir."

https://ethic.es/2024/10/el-consuelo-de-la-quiet-ambition/

miércoles, 21 de septiembre de 2022

En Bruselas el arte y la cultura se recetan para la ansiedad y la depresión

 El diario británico The Guardian se hace eco de la decisión de que los psiquiatras de uno de los hospitales de Bruselas  puedan "recetar" a determinados pacientes, además de los tratamientos usuales, una visita gratuita a alguno de los museos de titularidad pública de la ciudad de Bruselas. 

Además de facilitar el acceso a ciertas actividades culturales a colectivos que no suelen participar en ellas se intenta con este programa piloto investigar este tipo de actividades, dirigidas sobre todo a pacientes con enfermedades que estén remitiendo y que no sean graves. 

Varias investigaciones avalan la utilidad de este tipo de actividades en ciertas situaciones como la ansiedad o la depresión y la Organización Mundial de la Salud también recomienda las actividades artísticas para recuperar algo de  calma en un día a día en el que la actividad y el estrés impiden una cierta relajación. 

https://www.theguardian.com/world/2022/sep/17/museums-on-prescription-brussels-tests-cultural-visits-to-treat-anxiety

martes, 24 de mayo de 2022

Kiwayu. Miquel Barceló, acuarelas, cerámicas y alegría de vivir



 


Barceló expone en Madrid sus cerámicas y acuarelas realizadas durante la pandemia. Unas en Mallorca y otras en una pequeña isla en el archipiélago de Lamu, en Kenia.

Su amor por el mar y la naturaleza quedan reflejados  en unas obras llenas de movimiento, color, alegría de vivir y guiños irónicos en títulos: Nourritures terrestres et maritimes, Familia disfuncional...
Animales terrestres, acuáticos y figuras humanas se mezclan acuarelas y cerámicas.
 

domingo, 10 de enero de 2021

Zadie Smith, El virus del desprecio. Contemplaciones







La escritora Zadie Smith, que muy joven llegó a la fama con "Dientes blancos" es ahora una mujer, como ella dice, de cuarenta y tantos a la que la pandemia encontró en Nueva York donde habitualmente vive y trabaja.


El deseo de volver al hogar, Londres, pudo más que otras consideraciones y durante los meses de confinamiento fue escribiendo impresiones acerca de su vida cotidiana. 


En la introducción al libro, que recoge seis pequeños ensayos,  reconoce la influencia de la reciente lectura de las Meditaciones de Marco Aurelio. 


Y al final agradece a muchas personas, empezando por su familia, todo lo que ha aprendido de ellos...


He copiado las cinco primeras referencias. 



DEUDAS Y ENSEÑANZAS

1. MI MADRE

Energía, vitalidad, carisma. El origen: un infantilismo incorregible... que comparto. 

2. MI PADRE

La disposición a reconocer el fracaso y la debilidad; a saber aceptar la culpa. 

3. BEN

El buen humor. La energía de la familia combinada con el deseo de un artista a no desperdiciar nada, a dirigir todos los dones hacia fuera. 

4. LUKE

Una espiritualidad de andar por casa. El amor a la naturaleza y la fe en todas las cosas naturales, incluida la muerte. Un reloj interior que no hace caso al tiempo del mundo. 

5. EL PROFESOR RAINBOW

En su clase, era tu misión perfeccionar lo que tuvieras delante, encima del pupitre; hacerlo tan bien como fueses capaz. La caligrafía —incluso entonces un arte en extinción— debía tomarse tan en serio como la ortografía y las matemáticas, como memorizar los sucesos de 1066. El placer y el rigor eran lo mismo: si todo el coro iba a gozar del privilegio de cantar Bali Ha’i, de Rodgers y Hammerstein, sería a fuerza de prestar una atención marcial a cada parte del todo. Era imposible hacerse los tontos, y los «cantantes» no teníamos por qué enorgullecernos...





Es un libro tan corto y tan intenso que lo he releído. Y creo que tanto los personajes de los vecinos de su barrio de Nueva York, como sus reflexiones sobre lo que ella llama el "virus del desprecio" analizando la política actual tanto británica como norteamericana, las reflexiones personales sobre su tarea como escritora cuando piensa en los trabajadores esenciales y la pandemia me han impresionado por su claridad, brillantez, concisión y su sinceridad sin excusas cuando habla de su propia vida. 

 

Y he decidido volver a Marco Aurelio. Por hacer algo...


jueves, 7 de mayo de 2020

Banksy. Los nuevos superhéroes y el sistema público de salud



Esta obra de Bansky se expone en el Hospital Universitario de Southampton y más tarde será subastada en beneficio de el sistema sanitario británico que lucha en estos momentos contra la pandemia.

https://banksy.co.uk

https://www.bbc.com/news/entertainment-arts-52556544

jueves, 30 de abril de 2020

Día de la Danza . Compañía Nacional de Danza en el Prado

Ayer era el Día de la Danza. Y aquí podemos ver a ocho bailarines de la Compañía Nacional de Danza  en una producción de ELAMOR llamada "Equilibrio"

Verles recorrer un Museo madrileño cerrado en estos momentos por el estado de alarma es una sensación agridulce y curiosa. A lo mejor porque muchos estamos lejos ahora del amor y el equilibrio...

Lugares ahora muy distantes en el tiempo y en el espacio y cuyos pasillos y salas solitarios recorren en este vídeo los bailarines.  



martes, 21 de abril de 2020

Le confinement au cinema. El confinamiento en el cine.


Durante el obligado confinamiento en un apartamento de 28metros cuadrados dos creativos han querido realizar un vídeo en el que rinden homenaje a varios de los grandes directores de cine a los que admiran.

Briac Durand, director y Josephine Onteniente, ilustradora, con una gran economía de medios se han ocupado de la puesta en escena, el maquillaje, la indumentaria, la iluminación, las voces en off, la banda sonora... y la interpretación de las diferentes escenas rodadas en el estilo de:

 Fritz Lang, David Lynch, Jean Luc Godard, Richard Bay Martin Scorsese, Tarantino, Wes Anderson, Marjane Satrapi (ilustradora de Persepolis) y las hermanas Wachowski en un rápido y personal repaso de la historia de nuestro cine.



lunes, 20 de abril de 2020

Javier Yanes, padre, escritor, viajero, periodista, científico

He descubierto a Javier Yanes hace muy pocos días. Alguien cercano me mandó un enlace a su artículo en "Ciencias mixtas" del diario gratuito 20 minutos y me recomendó su lectura. No me he arrepentido. Todo lo contrario.

 He buscado su web, su blog, incluso su twitter aunque sea alérgica a las redes sociales en general. Pero el chiste que hace sobre los expertos en la universidad de twitter ya me ha ganado para siempre.

Y que un científico se haya dedicado a escribir sobre Kenia, a publicar novelas, haya trabajado como periodista de ciencia y lo siga haciendo ahora mismo, dando un enfoque claro y serio sobre temas de los que se habla con ligereza y profundo desconocimiento ya me parece algo totalmente excepcional.

Y además es un tipo divertido, ameno y riguroso.

¿Se puede pedir más ahora mismo, tal como está el patio?






 https://blogs.20minutos.es/ciencias-mixtas/2020/04/01/por-que-hay-motivos-para-el-optimismo-si-en-espana-ya-hay-un-15-de-poblacion-contagiada-de-covid-19Imagen al microscopio electrónico de transmisión del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19. Imagen de NIAID/RML.

Siete líderes que han gestionado con éxito la pandemia en sus países

Un artículo de la BBC sobre las buenas prácticas en la gestión de la pandemia.

Los siete países con mejores resultados hasta ahora han utilizado diferentes estrategias, algunas de las cuales coinciden y son originales y oportunas.

Pero lo que tienen en común es que las personas que han gestionado la respuesta del país ante el coronavirus eran mujeres.

En Europa todos conocemos a Angela Merkel pero las presidentas o primeras ministras  de Taiwan, Finlandia, Noruega, Islandia... también han conseguido atravesar el ojo del huracán con muchas menos bajas que otros países como Italia, Estados Unidos, España... y otros muchos otros lugares del mundo donde no vemos todavía cercano el horizonte de una desescalada ordenada y segura.








https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52295181

domingo, 12 de abril de 2020

Nosotros antes que yo. James Rhodes

Un oportuno y emotivo mensaje de un músico británico que reside en la castigada y valiente ciudad de Madrid, que se siente español desde hace tiempo y nos acompaña con sus libros, sus artículos en el dominical del periódico El País  y sus conciertos.






Nos habla de la importancia de lo colectivo, de lo humano y de no olvidar lo que estamos aprendiendo desde el confinamiento, ese cambio de prioridades que el dolor y el miedo están trayendo para muchos en todos los rincones del mundo.

https://elpais.com/elpais/2020/04/09/eps/1586425573_998282.html

sábado, 12 de noviembre de 2016

So long, Leonard Cohen



Así muchos nos enteramos ayer de que Leonard Cohen ya no estaba entre nosotros. En Sinfonía de la mañana el relato habitual de Martín fue una de las historias  que el poeta contó sobre su encuentro  y fascinación por el flamenco, la guitarra y García Lorca al escuchar en un parque de Montreal a un español tocando una música para él desconocida y maravillosa. El que el guitarrista estuviera rodeado de chicas que le escuchaban también debió ser interesante para el joven Cohen que recibió unas pocas clases de aquel artista que no hablaba su lengua.

Por la puerta de Elvira
quiero verte pasar
para saber tu nombre
y ponerme a llorar

Federico García Lorca

Luego Martín tradujo las letras de algunas de sus canciones y escuchamos  la noticia de que nos había dejado. A los 82 años.
 Por eso he querido recordarle tal como era hace unos cuantos años.

jueves, 28 de julio de 2016

Rosa Montero - Lo público

POR RAZONES que no vienen al caso, últimamente he visitado con cierta asiduidad el hospital madrileño Gregorio Marañón. Un lugar feo, destartalado y viejo, pero un magnífico hospital, sin duda alguna, con grandes médicos y una prestación sanitaria de primera clase. Siempre se me encoge un poco el corazón cuando voy por allí, porque me parece un símbolo de nuestro maltratado sistema de salud. La sanidad pública española ha sido nuestro mayor logro social, un tesoro al que estamos tan acostumbrados que nos resulta impensable que haya países en donde dejen morir a la gente por el hecho de ser pobre. Pero existen. En Estados Unidos, por ejemplo, los enfermos oncológicos que no pueden abonar la carísima quimioterapia simplemente se quedan sin ella, como se veía en la serie Breaking Bad. Imaginen a un niño con cáncer al que no le ponen tratamiento porque sus padres no tienen el dinero para pagarlo: es repugnante. De esa feroz, inadmisible, asesina desigualdad nos protege nuestro sistema de salud, pero lo estamos desmantelando.
La sanidad pública española ha estado entre los diez mejores servicios de salud del mundo. Ahora no sé por dónde andaremos en el ranking, porque llevan años demoliéndola. Hace un mes, altos cargos del sistema de salud madrileño dijeron que en la Comunidad sobran “4.000 camas para enfermos agudos”. Nadie parece haberse escandalizado ante esa afirmación, y sin embargo es grave. Primero, porque en toda la Comunidad sólo hay 13.000 camas: la reducción es sustancial. Y segundo, ­porque hace diez años estos mismos peperos, contra el criterio de los profesionales y dirigidos por una entusiasta Esperanza Aguirre, construyeron 2.000 camas de agudos. ¿Qué es lo que va a suceder, previsiblemente? Que se cerrarán camas de los hospitales públicos y se derivará el servicio a los privados.
Verán, la sanidad privada es un negocio. Pero es que el objetivo de la sanidad no puede ser el de ganar dinero. No todo en la sociedad ha de moverse hacia el lucro. En el concepto mismo de la democracia anida un impulso de ordenación social, de moderación de las desigualdades, de freno al botín salvaje. Por eso se pagan impuestos: por el bien común. Y la sanidad está en la base de ese bien común.
Argumentan los partidarios del dinero tintineante que la medicina privada es más barata y eficiente que la pública. Mienten, porque engañan en la forma de medir. Cada vez que un enfermo se complica en la privada, lo derivan a la pública, que no sólo tiene que hacerse cargo de los tratamientos más costosos, sino también de las muertes. Pondré un ejemplo; si no recuerdo mal, hará unos diez años el geriatra del Gregorio Marañón José Antonio Serra (que es una eminencia en su campo) y su equipo hicieron un importantísimo estudio sobre la rotura de cadera en los ancianos y demostraron que, si eran atendidos por geriatras y traumatólogos a la vez, y no sólo por traumatólogos, morían menos y sufrían menos complicaciones. El estudio se publicó en la revista especializada más importante del mundo y los resultados se han incluido en los protocolos médicos de medio planeta. Pero ese es un modelo de medicina que no todos comparten. Aquí hay algunos hospitales privados que operan a los ancianos de cadera y los mandan a las 48 horas a su casa sin rehabilitar. ¿Que el paciente no anda? No importa. Ya se ocupará la pública, si puede, de arreglar el desaguisado, y además, si se muere, que se muera con ellos, fuera del hospital privado, porque ese fallecimiento les bajaría su rutilante índice de éxitos.
Así estamos, en plena campaña del desprecio a lo público. Ya se sabe: los funcionarios son todos unos sinvergüenzas y unos vagos, mientras que el sector privado es otra cosa. Sí, desde luego que es otra cosa: es ahí donde se dan los bonos basura, los abusivos usos bancarios, los fondos de Panamá. ¡Es el muy serio, eficiente y honesto sector de los directivos de Volkswagen! ¿Pero de qué ­estamos hablando? Pues me temo que, en el fondo, el único tema es la rapiña. Pero, ojo, mucho cuidado con el desmantelamiento de nuestro sistema de salud. Porque cuando aquí empiecen a morir los niños porque no pueden pagar las medicinas, sus padres incendiarán las ciudades. Y yo lo entiendo.

martes, 26 de julio de 2016

El Bosco en su quinto centenario - El Prado, Madrid












Llegar a disfrutar las obras del enigmático pintor no es tarea fácil. Primero sortear las largas colas en el exterior del museo si no has hecho la reserva por Internet. Luego una vez que accedes al interior del museo las aglomeraciones en torno a los cuadros son la escena más habitual y lo que hace que la visita sea más accidentada de lo imaginado. 



viernes, 22 de julio de 2016

Ataque de frivolidad - Javier Marías, la zona fantasma

Los españoles nacidos en el franquismo, los que pertenecíamos a familias perdedoras de la Guerra Civil, tuvimos siempre presente que podíamos vernos obligados a abandonar nuestro país. Mi padre solía recomendar tener el pasaporte en regla y algo de dinero fuera, si era posible, para aguantar los primeros días de un posible exilio. (Tras cuarenta años de democracia, me temo que ese peligro sigue existiendo: de España nunca se sabe quién te va a echar, suele haber demasiados candidatos a “hacer limpieza” y a perseguir.) Por razones personales, no me imaginaba huyendo a Latinoamérica, ni a la vecina Francia, ni a los Estados Unidos en los que había pasado algún año muy temprano de mi vida, sino al Reino Unido, al que entonces se llamaba Inglaterra sin más. De niño poseía ya rudimentos de inglés, pero leía en traducción. En gran medida me formé con las andanzas de Guillermo Brown, de Richmal Crompton, y las series “Aventura” y “Misterio” de Enid Blyton, anteriores y mejores que las que le dieron mayor fama; con Stevenson y Conan Doyle y Defoe, con Dickens y Agatha Christie, con Walter Scott, John Meade Falkner y Anthony Hope, con Kipling y Chesterton y Wilde algo después. El cine británico llegaba con regularidad, y muchos de mis héroes de infancia tenían el rostro de John Mills, Trevor Howard, Jack Hawkins, Stewart Granger o David Niven, más tarde de Sean Connery. Mi primer amor platónico fue Hayley Mills, la protagonista niña de Tú a Boston y yo a California y Cuando el viento silba. Tampoco me fueron indiferentes las ya crecidas Kay Kendall, Jean Simmons y Vivien Leigh, más adelante la incomparable Julie Christie. Inglaterra era para mí un lugar tan europeo y casi tan familiar como mi natal Madrid. Allí tendría cabida y se me acogería, como fueron acogidos los escritores Blanco White (en el siglo XVIII), Cernuda, Barea y Chaves Nogales, o mi amigo Cabrera Infante, expulsado de la Cuba castrista en la que tantas esperanzas había puesto, y al que visité infinidad de veces en su casa de Gloucester Road.
Inglaterra ofrecía, además, innegables ventajas respecto a España. Sus gentes parecían educadas y razonables, con un patriotismo algo irónico y no histérico y chillón como el de aquí; era un país indudablemente democrático, garante de las libertades individuales, entre ellas la menos conocida aquí, la de expresión. Su famosa o tópica flema evitaba la exageración, el desgarro, el dramatismo demagógico y la propensión a la tragedia. Había resistido al nazismo a solas durante años, con entereza y templanza, sin perder los papeles que tantos motivos había para perder. Así pues, el reciente referéndum para el Brexit me supone un cataclismo. Por razones biográficas, desde luego, pero éstas son lo de menos. Lo alarmante y sintomático es ver a esa nación, básicamente pragmática y más decente que muchas, envilecida e idiotizada, subyugada y arrastrada por personajes grotescos como Boris Johnson y Nigel Farage y por sibilinos como Michael Gove, quizá el más dañino de todos. Dejándose engañar como bananeros por las mentiras flagrantes en las que los defensores de la salida de la UE en seguida reconocieron haber incurrido (nada más conseguir su criminal propósito). Un país tradicionalmente escéptico y sereno se ha comportado con un patriotismo histérico digno de españoles (o de alemanes de antaño). En un referéndum ridículo, para el que no había necesidad ni urgencia, un gran número de votantes se ha permitido una rabieta contra “Bruselas” y el Continente, sin apenas pararse a pensar y confiando en que “otros” serían más sensatos que ellos y les impedirían consumar lo que en el fondo no deseaban. Es lo mismo que uno oye en todas partes, aquí por ejemplo: “Voy a votar a Podemos o a Falange para darles en las narices a los demás, y a sabiendas de que no van a gobernar. Si tuvieran alguna posibilidad, ni loco los votaría”. Lo malo de estas “travesuras” es que a veces no quedan suficientes “otros” para sacarnos del atolladero en que nos metemos con absoluta irresponsabilidad, como ha sucedido en Inglaterra para alegría de Trump, Putin, Marine Le Pen y Alberto Garzón. Semanas después del Brexit no se ven sus beneficios, o han resultado falaces, y sí se ven sus perjuicios: para Europa sin duda, pero aún más para el Reino Unido. Muchos jóvenes partidarios de quedarse no se molestaron en ir a votar, confiando asimismo en la “sensatez” de los que fueran. Nunca se puede confiar más que en uno mismo, ni se debe delegar, ni se puede votar “en caliente” o en broma por aquello que nos horrorizaría ver cumplido. Quizá sirva para algo este malhadado Brexit: para que el resto nos demos cuenta de cuán fácilmente puede uno arruinarse la vida, no por delicadeza como en el verso de Rimbaud, sino por prolongado embrutecimiento y un ataque de frivolidad.
JAVIER MARÍAS
El País Semanal, 17 de julio de 2016

viernes, 15 de julio de 2016

Arrepentidos- Leila Guerreiro

Arrepentidos
Leila Guerreiro

Yo tenía unos cuatro años. Era verano y me había quedado a dormir en casa de mis abuelos. Aquella noche, por algún motivo, desperté en la madrugada y quise volver al departamento de mis padres. Mi abuelo sacó su bicicleta, me sentó en el canasto y empezó a pedalear. Allá fuimos, cruzando la ciudad dormida. La avenida de Arias; la escribanía donde se casó Perón; el cine San Carlos. Sobre el siseo fantasma de las ruedas, mi abuelo me contaba cuentos: el del elefante, el del dragón. Cuando llegamos, tocó timbre, apareció mi padre, y yo dije: “Quiero volver a lo del abuelo”. De pronto, la idea de dormir bajo la galería de chapa y despertar con el canto de los gallos debe haberme parecido inmejorable. ¿Cómo un departamento podía ser mejor que eso? Pero mi padre dijo: “No. Ahora te quedás acá”. Yo supe que me había perdido para siempre una noche magnífica, y estuvo bien. Hay algo que se llama “decisiones” y algo que se llama “consecuencias” y en mi casa, que nunca propició arrepentimientos, el nexo entre ambas cosas se aprendía rápido. En junio pasado, después de la votación que dejó a Inglaterra fuera de la Unión Europea, millones de ciudadanos de ese país, perplejos con el resultado, reclamaron que se votara de nuevo. Muchos habían optado por la salida pero se decían arrepentidos: “Voté a favor del Brexit,pero no creí que mi voto contara. Creí que al final nos quedaríamos”; “Voté por la salida, pero hoy me golpeó la realidad y me han entrado remordimientos”. Creí que mi voto no contaba, voté por irnos pero no pensé que iba a suceder. ¿Con ese razonamiento rudimentario y esa irresponsabilidad pueril votan los ciudadanos de uno de los países más poderosos de la Tierra? ¿Así deciden las cosas importantes quienes deciden, también, dónde arrojar las bombas? Todavía no sé si me da risa, piedad, desprecio o miedo.

viernes, 8 de julio de 2016

Verdad y memoria - Berna González Harbour

Hay escenas del cine que se quedan alojadas en tu vida como esa almohada en la que duermes mejor o la taza favorita para el café de la mañana. La película La juventud nos regala una de ellas, una que sigue emitiendo su potente onda expansiva después de haberla visto.
Michael Caine y Harvey Keitel son viejos amigos que intentan disfrutar de las últimas oportunidades de bienestar en el taller de reparaciones que es un exclusivo balneario suizo. Pasean rememorando a una chica de la que ambos se enamoraron y Caine confiesa que habría dado 20 años de su vida por acostarse con ella. El amigo responde que no merecía la pena ni por un día de su vida y Caine se enfada: ¿Hace 60 años me dijiste que no te habías acostado con ella y ahora me vienes con esas? Keitel se ríe y sentencia:

— ¿Sabes lo peor? La desgracia es que soy incapaz de recordar si me acosté con Hilda.
La verdad es un lugar cómodo solo si te gusta o persigues la honestidad. Y es incómodo si te disgusta o prefieres quedarte a vivir en tu versión. Pero entonces entra en juego la memoria: para ayudar a los que buscan la verdad y molestar a quienes huyen de ella.
Caine está enfermo de la verdad y su amigo de la desmemoria. Y esas son básicamente las opciones que tenemos en la vida. Lo que nos convierte en sujetos mejores o peores para habitar en este mundo.
En estos días en que un informe oficial nos cuenta lo que sabíamos, que la guerra de Irak no estuvo justificada, nunca será un consuelo, pero es reparador que alguien nos traiga a la memoria lo que fue verdad.
Aznar, Bush y Blair huyen de ambas. Pero nosotros, como Michael Caine en su papel memorable en esta bella película de Sorrentino, no lo haremos.