miércoles, 29 de noviembre de 2023

Ida Vitale. Poema


Julio Llamazares dijo una vez que "leer, como escribir, es soñar despierto" La uruguaya Ida Vitale nos habla de su mundo que quizá se parece un poco al nuestro...



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Solo acepto este mundo iluminado
cierto, inconstante, mío.
Sólo exalto su eterno laberinto
y su segura luz, aunque se esconda.
Despierta o entre sueños,
su grave tierra piso
y es su paciencia en mí
la que florece.
Tiene un círculo sordo,
limbo acaso,
donde a ciegas aguardo
la lluvia, el fuego
desencadenados.


A veces su luz cambia,
es el infierno; a veces, rara vez,
el paraíso.
Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones.
Yo sólo en él habito,
de él espero,
y hay suficiente asombro.

Ida Vitale

domingo, 26 de noviembre de 2023

Margaret Atwood . Variaciones sobre la palabra amor



 Hay escritores, como Hemingway o como Margaret Atwood, que son muy conocidos por sus novelas pero que tienen una obra poética tan interesante o más que la ficción. 

En este caso "Variaciones sobre la palabra amor" a pesar de haber pasado el filtro de la traducción a otra lengua que no es la de su autora consigue expresar sentimientos complejos y cotidianos a la vez. 




Ésta es la palabra que usamos para taladrar
agujeros. Tiene el tamaño justo para esos tibios
huecos del discurso, para esos vacíos en forma 
de corazón que no se parecen
a los corazones de verdad. Si le añades encaje,
puedes venderla.
También la escribimos en el único
espacio vacío del impreso que viene sin instrucciones. Hay revistas
enteras que no tienen mucho más
que la palabra amor; puedes 
frotártela por todo el cuerpo
y también puedes cocinar con ella. ¿Cómo sabemos
que no es lo que sucede en las divertidas orgías
de las babosas bajo cartones
mojados? Y los semilleros
de malas hierbas que asoman sus tercos hocicos
entre las lechugas, también la gritan.
¡Amor! ¡Amor!, cantan los soldados, levantando
al saludar sus brillantes cuchillos.

Pero luego estamos nosotros
dos. La palabra nos parece demasiado corta, sólo tiene
cuatro letras, es demasiado austera
para llenar esos vacíos profundos
y desnudos entre las estrellas
que oprimen con su sordera.
No evitamos caer en el amor,
sino en ese miedo.
Esta palabra no es suficiente pero tendrá
que bastarnos. Es una sola
vocal en este silencio
metálico; una boca que dice
oh, una y otra vez, con asombro
y dolor, un suspiro, un dedo
asido a un acantilado. Puedes
agarrarte o dejarte caer.

jueves, 23 de noviembre de 2023

Maestras en el museo Thyssen

 La exposición "Maestras" en el Thyssen sorprende por su amplitud en el número de artistas y en su diversidad. 

Pero sobre todo por la evidente curiosidad que despierta en el numeroso público la contemplación de tantas obras poco o nada conocidas en su mayoría, escultura, pintura, textiles...







https://www.hoyesarte.com/evento/la-hora-de-las-maestras-en-el-museo-nacional-thyssen-bornemisza/?utm_source=Boletin_20231106_1716&utm_medium=boletin&utm_campaign=boletin

viernes, 17 de noviembre de 2023

Las garras del águila. La factoría Millenium no descansa

 Los herederos del fallecido autor de la saga Milenium, el sueco Stieg Larsson, han contratado a otros escritores, primero a David Lagercranz y después a la periodista Karin Smirnoff, para continuar la serie de forma indefinida. 

El último título publicado (y a la espera de dos más de los tres contratados) se aleja bastante de los personajes y temáticas originales. 

Su autora sitúa la acción en el norte de Suecia y se centra en temas de corrupción en un pequeño pueblo cuyos representantes municipales negocian con varias empresas la cesión de terrenos del bosque donde viven pequeños propietarios de renos desde hace muchos años. 

El objetivo es la energía limpia y barata que necesitan las baterías de los coches eléctricos. Las personas que no están a favor de esta decisión no son muchas pero algunas desaparecen y no vuelve a saberse de ellas. 

Es un tema de actualidad, bastante oportunista y contado de una forma poco atractiva y plana que  se hace pesada hasta que la protagonista de la serie, Lisbeth Salander viaja a ese pueblo, de bastante mala gana, porque la hija de su hermanastro ya fallecido está acogida por los servicios sociales que tratan de que se haga cargo de ella. 

Vemos que el personaje ha cambiado, que está contenta con su trabajo, con su vida en la capital y que no quiere cambiar nada de eso. Y cuando conoce a su sobrina y ve que está en peligro inicia con ella una curiosa relación de protección y de complicidad a pesar de la diferencia de edad. Todo bastante previsible y que daría para una mala película de acción. Y el final sigue abierto porque quedan dos títulos más por vender...

La factoría Disney sigue adelante sin su fundador porque había un equipo de dibujantes pero aquí se trata de vender libros sin más complicaciones, de estirar el chicle... por el tirón de unos personajes que ya son parte del imaginario colectivo y que eran bastante más complejos y contradictorios.



jueves, 9 de noviembre de 2023

La sociedad de las prisas, María Novo

 






He leído la reseña que hace la revisa Ethic sobre este libro y me ha llamado la atención tanto el fondo del tema elegido como la forma de presentarlo. 

https://ethic.es/2023/11/la-sociedad-de-las-prisas/

Todos tienen razón y, pese a ello, no logran dar una definición total y absoluta de ese misterio que esconde la vida, la sucesión de un universo de horas inalcanzable en sus vaivenes, en su semejanza a un viento que empuja a veces, otras acaricia y siempre mueve el mundo sin pedir permiso. Cada amanecer, cada crepúsculo, señala los ritmos de la naturaleza y nos ayuda a medir los minutos, los días; una forma inocente de pretender abarcar lo inabarcable, de ponerle nombre a lo efímero, de descubrir que ese laberinto indescifrable guarda el secreto de la Vida y de nuestra propia vida.

La sencillez del tiempo es una mampara que oculta su complejidad. Es imposible vencerlo, guardarlo, almacenarlo… Los ecologistas dicen que es un recurso no renovable. Los poetas aman las horas demoradas y describen sin prisa el amor. Algunos adoran el silencio y agradecen el mutismo del tiempo. Otros, en cambio, persiguen la luz y aguardan impacientes la llegada de los amaneceres. Los místicos se asoman al lado íntimo de las horas y nos recuerdan que el alma no lleva reloj. En cualquier caso, el eco de ese flujo permanente está insertado en cada una de las células de nuestro cuerpo, contribuye a construir el trazo de nuestras vidas, envuelve los hechos con la medida exacta del placer y el dolor. Nos modela como un escultor maneja la materia prima.

Escribimos la vida en el tiempo y nos arriesgamos a hipotecarlo cuando llega la llamada de las prisas

Pero existe un algo interior, una vocación de libertad, que nos permite a los humanos manejar a nuestra vez el tiempo. Es la fuerza de la vida que transportamos, la búsqueda del equilibrio que requieren mente y cuerpo, la vocación de crear y vencer al caos, la capacidad de nombrar lo que ocurre, también de ponerle nombre a las épocas, intervalos, vaivenes que construyen nuestra historia.

Y así, forcejeando con lo que se impone y los sueños, abrazamos el instante, dialogamos con los relojes, y sometemos la fragilidad de nuestras vidas al proyecto de hacerlas mejores, de dejar una huella feliz a nuestro paso por el mundo, de superar el vértigo de una muerte inevitable haciendo de cada existencia una obra de arte.

Escribimos la vida en el tiempo y nos arriesgamos a hipotecarlo cuando llega la llamada de las prisas: el trabajo, el dinero, el éxito… nos impulsan a correr. En ese difícil equilibrio vamos tejiendo, paso a paso, la urdimbre de unas existencias retadas a autoorganizarse. Tenemos necesidad de acercarnos a los otros, de escuchar, compartir… Y también de disponer de recursos materiales, de ir creciendo profesional y humanamente. Aparece entonces la aceleración por hacer, por querer estar en todo, verlo todo, experimentarlo todo… Y olvidamos que la mayor experiencia es el encuentro en paz con uno mismo y con las personas queridas.

En esa carrera, estamos perdiendo el alma, que se mueve despacio. Nuestra biografía acaba sepultada por los lemas de la sociedad: producir, comprar, vender… El asombro que sentíamos de niños da paso al ansia de poseer, de controlar, y nuestra atención se desplaza hacia el territorio de la conquista, llega a ir más allá de los límites. Así, poco a poco, las estaciones de lo humano se van independizando de las de la naturaleza. Ya no nos sometemos a las reglas de la primavera o del otoño, deseosos de ser dueños de todas las reglas, de dominar las pautas que están custodiadas desde el origen.

Individual y socialmente, necesitamos una nueva cultura del tiempo. Comenzar introduciendo pequeños cambios en la vida diaria es, sin duda, una buena forma de contribuir a la transformación cultural, social y ecológica que requieren nuestras sociedades. Cada cambio, cada ocasión en la que acoplamos nuestro ritmo al de la naturaleza (y a nuestra propia naturaleza), es una brecha por la que entra una luz nueva al sistema.

[…]

Necesitamos con urgencia acoplar nuestras conductas individuales y colectivas a los límites y posibilidades del entorno natural que es nuestro hábitat. También a los ritmos que marca nuestro cuerpo, frecuentemente forzados por los vaivenes de la vida diaria. Ojalá entre todos consigamos reorientar las pautas y creencias que hemos heredado en relación con las prisas, el éxito y la calidad de vida.