domingo, 3 de agosto de 2025
Las claves de la exposición ‘Ecos del océano’
martes, 21 de enero de 2025
El derecho a la salud mental. Marina Pinilla en Ethic
Hoy, el mensaje es tan claro como conciso: pide ayuda psicológica si la necesitas. El problema es dónde encontrarla. En España, hay un psicólogo clínico por cada 16.667 habitantes. Algunas de estas personas tienen la suerte de contar bien con un seguro de salud en su empresa que cubre la terapia psicológica o bien con un salario que les permite afrontar ese gasto. Otras, las más jóvenes y escolarizadas, pueden recibir atención psicológica privada gratuita gracias al seguro escolar. Sin embargo, muchas dependen única y exclusivamente de la Seguridad Social, y al recurrir a ella se encuentran con una cruda realidad: largas listas de espera y medicalización del sufrimiento.
«Pasaron dos meses hasta que tuve la primera consulta», relata María José, madrileña de 58 años que acudió a su médico de cabecera en busca de una cita con un psicólogo clínico por una depresión con ideaciones suicidas. La primera línea de tratamiento fueron los psicofármacos. «Recuerdo muy mal aquellos meses. Estaba muy confundida. Necesitaba hablar con alguien y que me ayudasen a salir del hoyo, no unas pastillas para acomodarme en él», reflexiona.
Enrique, salmantino anónimo de 35 años, vivió una experiencia similar. Tras quedarse sin trabajo durante la pandemia, pidió a su médico una derivación al psicólogo de la Seguridad Social. Este se negó. «Me dijo que yo no necesitaba un psicólogo, que ya si eso me recetaba él algo. Que lo que tenía que hacer era trabajar. Claro que necesitaba trabajar, pero en aquel momento tenía unas crisis de pánico que no me dejaban dormir por la ansiedad. Era algo diario. No lo soportaba más», se lamenta. No obtuvo la cita pese a su insistencia, pero sí una receta de Alprazolam y Sertralina, una benzodiacepina y un antidepresivo respectivamente.
No son casos aislados: son la evidencia de que, a día de hoy, la salud mental sigue siendo un derecho por conquistar; cambiar este paradigma no es una cuestión exclusivamente social o moral, sino también económica.
Muchas personas dependen únicamente de la Seguridad Social, que cuenta con largas listas de espera y una fuerte medicalización del sufrimiento
En el contexto de la salud, nos encontramos con tres tipos de costes. En primer lugar, los directos, que son aquellos relacionados directamente con la tecnología sanitaria evaluada y abarcan el personal, la hospitalización, las pruebas diagnósticas, las intervenciones, los medicamentos, el transporte al hospital, la infraestructura o los servicios informales, entre otros aspectos. También existen los costes indirectos, que hacen referencia a los cambios en la capacidad productiva de la persona que padece un problema de salud, siendo el caso más extremo la mortalidad, pero también la incapacidad laboral o las prestaciones por dicho motivo. Finalmente, los costes intangibles son aquellos que se relacionan con el sufrimiento del paciente y que prácticamente nunca se tienen en cuenta.
Según un estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Médicas Hospital del Mar, en el año 2014 los trastornos mentales supusieron ungasto de 46.000 millones de euros anuales para España, coste que supera por creces al gasto público en sanidad. De esta cifra, el 47% del gasto se asociaba a costes indirectos, el 41% a costes directos y el 12% a costes no sanitarios o intangibles.
Cabría pensar que el aumento de plazas PIR que ha tenido lugar durante la última década y la visibilización de la salud mental ha mejorado la atención psicológica reduciendo el consecuente gasto público, pero no es así. Tal y como revela una investigación realizada por Fremap, mutua colaboradora con la Seguridad Social, las bajas laborales relativas a la salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021, aumentando también la duración media de estas a casi cien días.
Las causas más frecuentes de dichas bajas son los trastornos de ansiedad y depresión, y en ambos casos nos encontramos con una recomendación común en las guías de práctica clínica: el tratamiento de elección debe ser la psicoterapia, cuatro veces más eficaz que los psicofármacos a la hora de tratar ambas problemáticas. Esta eficacia se evidencia en una reducción de los síntomas más acusada y en una recuperación sostenida en el tiempo, tal y como sostienen múltiples estudios. A través de un ensayo realizado con un total de 1.200 pacientes pertenecientes a 28 Centros de Atención Primaria de 10 comunidades autónomas, se encontró también que la mitad de los españoles con ansiedad y depresión acuden a su centro de salud con una hiperfrecuentación, lo que conlleva 19 veces más consultas que las personas sin problemas emocionales. En consecuencia, el médico de familia sufre tal exceso de demanda que a menudo no puede dedicar más de cinco minutos a dichas consultas, prescribiendo en exceso psicofármacos que, aunque reducen de forma pasajera los síntomas de ansiedad o depresión, mantienen el origen del problema.
Las bajas por salud mental han aumentado un 30,9% en menores de 35 años entre 2015 y 2021
¿Se puede convertir la salud mental en un derecho constitucional? Sí, pero para ello es necesario cambiar el paradigma biologicista. La salud mental se nutre de lo psicológico, pero también de lo social y lo económico, algo que pudimos comprobar en primera persona durante el confinamiento por el coronavirus.
La falta de apoyo social, la medicalización del malestar, la precariedad económica y la incertidumbre respecto al futuro laboral son caldo de cultivo para la aparición de trastornos de ansiedad y trastornos depresivos crónicos e incapacitantes. En este clima, cabe preguntarse de qué sirve una plaza PIR más o menos si todas las personas con que mantenías relaciones han tenido que emigrar y tu familia vive en una ciudad casi marginal a la que a duras penas llega el AVE; si tu médico de familia no considera relevante tu problemática y te receta, tras mediar un par de frases contigo, Orfidal a dosis bajas hasta la siguiente revisión; si tu casero quiere convertir el piso en un apartamento turístico y todos los alquileres que te puedes permitir están a hora y media de tu lugar de trabajo o si tu jefe se niega a darte de alta en la Seguridad Social y, a mayores, te exige horas extras no remuneradas.
Se necesita construir la casa desde los cimientos. Si bien los psicólogos clínicos vertebran el Sistema Nacional de Salud y parte de la sociedad, también lo hacen el resto de condiciones materiales que recurrentemente se pasan por alto. De no protegerlas, la salud mental jamás será un derecho de todos, sino un privilegio de unos pocos.
sábado, 18 de enero de 2025
Historia de un fracaso anunciado. El perfeccionismo. Marina Pinilla
Un interesante análisis sobre auto sabotaje, la autoestima. el perfeccionismo y los estilos atribuciones y sus consecuencias en la vida cotidiana, que publica Ethic y firma Marina Pinilla.
"En la psicología, el autosabotaje es definido como la tendencia a obstaculizar nuestro propio éxito, cualquier ambición en lo profesional, lo social o lo personal. Es un proceso completamente desadaptativo, puesto que da pie a una sucesión de fracasos programados que perjudican nuestras posibilidades evolutivas. Salvando las distancias, es como si una gacela se acurrucase junto a una manada de leones a la hora de la siesta. Es cierto que, para los humanos, la consecuencia inmediata del autosabotaje no es la muerte, pero sí la frustración, la ansiedad y el desamor. Sea como sea, gacela y ser humano comparten un mismo destino cuando se ponen la zancadilla a sí mismos: la autodestrucción.
El estudiante brillante que saca los apuntes el día antes aspirando a un suficiente cuando podría sacar matrícula de honor, el enamorado que por miedo al compromiso aleja a la persona que despierta las mariposas de su estómago, el insomne y ansioso ciudadano que pospone ir al psicólogo hasta que su malestar es insostenible. Todos son presa del autosabotaje y, aunque es tentador mirarles por encima del hombro, lo cierto es que también nosotros hemos sido ellos y, tarde o temprano, lo volveremos a ser. La gran pregunta es qué nos impulsa a obstaculizar nuestro camino hacia la felicidad sin darnos cuenta.
Para gestionarlo podemos tomar dos caminos. O bien reducimos nuestra autoexigencia, o bien nos autosaboteamos para culpar a nuestro yo futuro por el fracaso y no a nuestro yo pasado por las expectativas desproporcionadas que nos impuso. Tendemos a escoger esta última alternativa porque la primera requiere trabajo psicológico, autocrítica y, sobre todo, apoyo social, algo que escasea en una sociedad que nos impone un ideal de éxito asociado a la perfección en todos los sentidos: la belleza, el rendimiento laboral, el éxito familiar o la plenitud emocional.
O somos perfectos, o somos inútiles: el perfeccionismo nos lleva a creer que solo tenemos esas dos opciones en nuestra vida
Progresivamente el perfeccionismo muta en falta de autoestima. Nuestro pensamiento pasa a ser dicotómico, solo admite dos realidades. O somos perfectos o somos inútiles, y como la excelencia es una aspiración fuera de nuestro alcance asumimos que la única opción válida para definirnos es el fracaso.
Si una persona se autoconvence de que su valor es nulo, actuará acorde a dicha creencia autosaboteándose. Nunca solicitará el ascenso, nunca luchará por el amor de su vida y nunca priorizará su bienestar psicológico. La única respuesta es la resignación porque cree que no merece el éxito ya que sólo conoce una versión idealizada de éste.
Es entonces cuando necesitamos racionalizar la idea de éxito. Para lograrlo, una estrategia es hacer heterogéneo lo que antes era homogéneo. En otras palabras, fraccionar una meta en diferentes posibilidades como si de un caleidoscopio se tratase. Todas serán igual de válidas independientemente del esfuerzo que requieran o del reconocimiento que conlleven.
A la hora de aspirar a estas metas alternativas debemos desnudarnos de expectativas previas, ya que pueden conducirnos a una profecía autocumplida, un sesgo que nos hace anticipar el futuro antes de que ocurra modificando nuestra conducta para que encaje con esa línea temporal predicha.
Por ejemplo, un alumno de bachillerato piensa que va a suspender el examen de matemáticas porque durante toda su trayectoria educativa ha obtenido malas notas en dicha asignatura. Ante la convicción de un nuevo fracaso, se frustra. «El examen va a ser demasiado difícil», piensa,«me voy a quedar en blanco». Deja de estudiar porque asume la derrota y, por supuesto, el día de la prueba todos los ejercicios son un Everest insalvable. ¿Podría haber evitado ese suspenso? Sí, sobre todo si encontrase un equilibrio entre el optimismo utópico –«puedo sacar un 10»– y el catastrofismo –«voy a sacar un 0»–.
Los errores que cometemos, a veces preprogramados en un intento de sabotearnos, se ven influenciados por un sinfín de factores
En último lugar, pero no por ello menos importante, realizaremos un proceso atribucional. En él está la clave para superar la tendencia al autosabotaje. Cuando intentamos cumplir una meta nos encontramos, tarde o temprano, con una resolución. Quizá conseguiste lo que te proponías, puede que fracases, o con gran seguridad habrás acabado en un punto intermedio entre ambos polos. ¿Quién es el responsable de dicha resolución? El proceso atribucional busca responder a esta pregunta.
Fritz Heider, psicólogo social, propuso en 1958 dos tipos de atribuciones: externas e internas. Cuando situamos la responsabilidad de nuestros actos en la suerte, los favores de los demás o el destino, estamos realizando una atribución externa. En cambio, cuando creemos a pies juntillas que lo que hemos conseguido –sea bueno o sea malo– se debe a nuestro esfuerzo, nuestra actitud o nuestras habilidades, estamos realizando una atribución interna.
Lo ideal sería que este proceso atribucional fuese realista, pero una persona con tendencia al autosabotaje puede incurrir en dos graves errores. Cuando la responsabilidad del fracaso es externa porque su jefe es un dictador, porque el profesor ha hecho un examen desproporcionadamente difícil o porque su amor platónico se comporta como un villano de Disney, se culpabiliza. En cambio, cuando el fracaso surge de su comportamiento porque se olvidó de acudir a una reunión, porque no estudió para el examen o porque ha desaprovechado la oportunidad de conquistar al amor de su vida, la culpa pasa a ser de los demás.
Este sesgo o error de pensamiento nos ata al autosabotaje impidiéndonos avanzar. Para superarlo, necesitamos entender la cualidad multifactorial del fracaso. Los errores que cometemos, a veces preprogramados por nosotros mismos en un intento de sabotearnos, se ven influenciados por un sinfín de factores. ¿Quién te hizo pensar que debías aspirar a la perfección? ¿Cómo empezó a hundirse tu autoestima? ¿Cuáles son las expectativas que te conducen a la derrota? Respondiendo a estas preguntas comenzarás a forjar un escudo contra el autosabotaje, un recurso más que necesario cuando se desate la guerra más común: la que sucede en nuestra propia mente.
martes, 3 de diciembre de 2024
jueves, 12 de octubre de 2023
Oliver Sacks y la música
The Marginalian solicitó a Debbie Millman la creación de este texto sobre el científico e investigador Oliver Sacks y su amor por la música como forma casi de espiritualidad y de unir cuerpo, mente, emociones...https://www.themarginalian.org/2015/08/31/remembering-oliver-sacks/
domingo, 2 de enero de 2022
Valentí Fuster. Science Health education. Entrevista FJM
miércoles, 29 de diciembre de 2021
Lab Girl by Hope Jahren.
sábado, 26 de septiembre de 2020
De Cantón a Manila. Expediciones botánicas y nenúfares
jueves, 21 de mayo de 2020
Music as an accesible stress reliever. Cantar y conectar
Y la página de los Stay Homas, grupo de músicos revelación que ahora ya han fichado por Sony y aparecen en programas de gran audiencia como Operación Triunfo y han hecho duetos con artistas consolidados y de estilos muy variados.
https://es.stayhomas.org
lunes, 20 de abril de 2020
Javier Yanes, padre, escritor, viajero, periodista, científico
He buscado su web, su blog, incluso su twitter aunque sea alérgica a las redes sociales en general. Pero el chiste que hace sobre los expertos en la universidad de twitter ya me ha ganado para siempre.
Y que un científico se haya dedicado a escribir sobre Kenia, a publicar novelas, haya trabajado como periodista de ciencia y lo siga haciendo ahora mismo, dando un enfoque claro y serio sobre temas de los que se habla con ligereza y profundo desconocimiento ya me parece algo totalmente excepcional.
Y además es un tipo divertido, ameno y riguroso.
¿Se puede pedir más ahora mismo, tal como está el patio?
https://blogs.20minutos.es/ciencias-mixtas/2020/04/01/por-que-hay-motivos-para-el-optimismo-si-en-espana-ya-hay-un-15-de-poblacion-contagiada-de-covid-19

domingo, 1 de julio de 2012
Vencer al tiempo y a la muerte. "El sistema de trasplantes español es el mejor del mundo" . La Contra: Roy Calne
Un investigador que dice que cuando "resuelve el puzzle" suena la música... propone el sistema español de trasplantes como modelo para otros países.
viernes, 6 de marzo de 2009
Darwin en la Residencia de Estudiantes de Madrid

El miércoles por la noche, la mítica Residencia de Estudiantes estaba de bote en bote para oir (ver ya era más difícil) a Arsuaga hablando de Darwin, de Wallace, de los eslabones intermedios... hasta contando anécdotas, chistes...Una experiencia inolvidable.