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jueves, 1 de enero de 2026
Exposición: 'El Arte en el Cómic' | #ComicArte
viernes, 19 de diciembre de 2025
Making waves, Tate
Una de las actividades programadas para familias, en torno a obras de arte que hablan del mar y sus habitantes. Artistas muy diferentes entre sí acercan a los niños y a sus padres a la belleza de lo submarino...
En este enlace puede verse una expresiva imagen llamada Catfish envy del artista de origen japonés Masami Teraoka, establecido en EEUU desde hace muchos años.
https://www.tate.org.uk/art/artworks/teraoka-catfish-envy-p12385
Japanese-born Masami Teraoka combines the influences of traditional Japanese art forms and American Pop art, exploiting the cultural and temporal disparities between the traditional style and the contemporary issues and ideas which form his subject matter. After training with traditional Japanese masters, Teraoka moved to Los Angeles to study Western art in 1961.
From the 1970s, he began painting watercolours, and later prints, which mimicked the appearance of ukiyo-e, Japanese woodblock prints of the Edo Period (1615-1868).
In these works, he creates scenes using characters from Kabuki theatre, geisha and samurai, recreating the characteristic dramatic landscapes of the prints, and incorporating cartouches and calligraphy.
Teraoka draws on an affinity between these ‘floating world’ prints, which were mass-produced for an emerging bourgeois market, and the work of the Pop artists, who celebrated mass-production and low forms of culture.
With these works, Teraoka aims for what he terms a ‘metaphorical’ rather than physical representation of reality. He says:
‘Mere depiction of social and cultural issues is not enough. My work has to create something that goes beyond simple perception. To make a strong statement, art needs timeless aesthetic qualities. These can take any subject matter to a higher level of experience. That is the essence of what I am pursuing.’ (Paintings by Masami Teraoka, 1996, p.55.)
This is one of four large prints that make up the portfolio Hawaii Snorkel Series, produced under the supervision of Kenneth E. Tyler over a period of two years from May 1991 to May 1993. Teraoka combined woodblock techniques with etching and aquatint. While the distinct black lines in traditional ukiyo-e are achieved through overprinting with a second wooden block, at Tyler’s suggestion Teraoka used etching and aquatint on a copper plate to achieve a similar effect and a further range of tonal areas.
Like all Teraoka’s prints, Longing Samurai combines the characteristic stylised landscape and composition of ukiyo-e prints with Teraoka’s personal iconography and contemporary references. At the front left of the picture, an elegant young woman in a strapless swimsuit embraces an enormous catfish. The fish, centrally placed in the composition, which appears to beam ecstatically out of the picture. Behind her in the surf, an older Samurai spits into the ocean in apparent disapproval as he watches her. His traditional hairstyle, the back and sides of his hair gathered into a queue above his shaved crown, suggest his inurement in the past.
Teraoka explains:
‘The middle-aged Samurai of Catfish Envy could represent traditional Japanese male chauvinistic thinking. He is astounded by the Western woman who is cuddling a catfish in front of him. The way she caresses the big head of the catfish could imply how much the American people love animals but also could show how openly they can express their affections in public, something not culturally acceptable in Japan.’ (Masami Teraoka, 1993, unpaginated.)
The text on the lower left edge of the image translates as ‘woman snuggling with catfish’, while the text at the top right corner declares the work as ‘a scene from the snorkelling series’. Other text identifies the artist and the date, 1991, when the design for the print was made. A cartouche in the top right corner represents Yamaka/Masami (Yamaka is the name of Teraoka’s family’s kimono shop), and another in the top left identifies the master printmaker, Ken Tyler, who supervised production of the print.
The portfolio was produced in an edition of thirty. Proofs for this print include eight AP, three TP, WP, RTP, PP I, PP II, PP III, TGL Imp., and Archive.
Further reading:
Masami Teraoka and Kenneth E. Tyler, Masami Teraoka: Hawaii Snorkel Series, 1993, reproduced in colour, unpaginated.
Paintings by Masami Teraoka, exhibition catalogue, Arthur M. Sackler Gallery, Smithsonian Institute, Washington D.C., 1996, reproduced p.88 in colour.
Sean Rainbird, ed., Print Matters: The Kenneth E. Tyler Gift, exhibition catalogue, Tate, 2004, reproduced p.114 in colour.
Maria Bilske
April 2006
jueves, 11 de diciembre de 2025
Harper Lee, The land of sweet forever
jueves, 4 de diciembre de 2025
Los estados de ánimo según Herodoto
Me encuentro esta frase de Herodoto "Tu estado de ánimo es tu destino" en un blog sobre libros y lecturas que llevaba mucho sin visitar y en el que Golem dejaba constancia de sus lecturas.
Y salgo de allí con dos libros que quiero buscar y leer y otro que necesito releer y que voy a disfrutar seguro. Como si acabara de recibir un regalo...
martes, 25 de noviembre de 2025
Entrevista con Han Kang, premio Nobel de Literatura, revista Ethic
https://ethic.es/wp-content/uploads/2025/11/han-kang-1280x768.jpg
¿Desde dónde nos habla?
Estoy en casa, en Seúl. Eso que ve usted parece la luz natural que está entrando, pero no lo es, es una lámpara blanca muy potente. Aquí son las ocho de la noche, acabo de cenar junto a mi hijo, con el que vivo. A esta hora me pasan cosas: es justo cuando me llamaron de la Academia Sueca para comunicarme que había ganado el premio.
¿Cómo está su padre?
De maravilla. Es escritor, tiene ochenta y muchos años y sigue publicando novelas.
¿Qué le dijo al ganar el Nobel?
«Estoy orgulloso de ti, hija». Eso dijo. El oficio de novelista no da para mucho. De niña, éramos pobres y teníamos que mudarnos a menudo. No teníamos muchos muebles, pero sí muchos libros. Era como estar protegida por los libros; para mí eran como una criatura en expansión porque el número de ellos aumentaba cada semana, cada mes. Asistí a cinco escuelas primarias distintas, pero no recuerdo haberme sentido traumatizada porque estaba protegida por todos esos libros con los que vivía. Me pasaba, en cada cambio de colegio, las tardes en casa leyendo libros hasta que conseguía hacer nuevos amigos. Así que es un recuerdo muy valioso.
«Mi generación ya no ha sentido la necesidad de dedicar su obra al compromiso político»
Tiene cinco libros traducidos al español, pero hay otros en coreano que aún no nos han llegado. ¿Qué nos estamos perdiendo de usted?
Les faltan mis novelas cortas. Me gustaría que, con el tiempo, pudieran leerlas también. Y he escrito también poesía, espero que la traduzcan algún día.
Su más reciente novela, Imposible decir adiós, empieza con una escritora que tiene pesadillas por haber escrito su último libro sobre una masacre que realizó el gobierno de su país. Parece usted con su novela anterior, Actos humanos, sobre la matanza de Gwangju en 1980.
Así es. El libro sobre Gwangju apareció en mayo del 2014 y esa pesadilla recurrente la empecé a tener justo un mes después, en junio. Pero es que, mientras escribía Actos humanos, yo había tenido muchas otras pesadillas. Pensaba que esta era solo otra más, un epílogo de aquellas que me produjo el contacto con el horror. Sin embargo, el color y la textura de este sueño eran diferentes. Por eso lo apunté y pensé que podría ser el inicio de una novela.
«Mi objetivo es investigar el interior de lo humano»
En la novela se ocupa de la matanza de la isla de Jeju en 1948, con 200.000 personas asesinadas por el poder político. Ese mismo que, en 1980, masacró a varios miles de personas en su ciudad natal, ordenando al ejército que disparara a la gente. Para muchos lectores en el mundo son hechos poco conocidos, pero ¿para los coreanos?
Mucha gente conoce los hechos de Gwangju. Pero no el exterminio en masa de la isla de Jeju; ese episodio ocupa tan solo una línea en nuestros libros de texto de historia. Muchos coreanos, al leer la novela, se han enterado realmente de lo que sucedió. Tras una masacre, no importa donde haya ocurrido, siempre hay personas para las que es imposible decir adiós, despedirse de los suyos. Siguen buscando los cuerpos, los huesos, de su familia. Por desgracia es algo universal, sucede en todo el mundo. Gwangju no es una ciudad coreana, es sinónimo de Auschwitz, Bosnia, Nanjing, de la masacre de nativos americanos…
Usted, sin embargo, no es para nada una novelista política.
No. Mi generación ya no ha sentido la necesidad de dedicar su obra al compromiso político, sino que mi objetivo es investigar el interior de lo humano. Pero fíjese que en La vegetariana hay una mujer que se despoja de su cuerpo con la intención de integrarse en el reino vegetal, y en La clase de griego la protagonista ha perdido el habla porque rechaza la violencia del lenguaje y aspira a recuperarla a través de una lengua muerta. Son gestos de rechazo que intentan recuperar la dignidad a través de una acción autodestructiva.
«Cuando escribo, pienso en el tacto»
En La vegetariana, todo es realista aunque muy sorprendente. Pero en sus dos novelas basadas en hechos históricos es donde paradójicamente vemos más elementos fantásticos, como fantasmas o las almas de los muertos… Parece realismo mágico.
Los fantasmas y las almas son cosas bien diferentes. Me gusta describir de modo natural esas escenas imposibles donde se encuentran los muertos y los vivos, como, por ejemplo, Dong-ho, el chico que muere en Gwangju y que charla con los vivos, o contempla su propio cadáver en la calle, y es evocado por muchos otros personajes. En el caso de Imposible decir adiós no sabemos quién está muerta realmente ni quién está viva, pero conversan, están hablando entre ellas, y la lógica nos indica que eso no puede ser, que una de las dos no puede estar ahí. La nieve es el elemento básico, une el cielo y la tierra, lo muerto y lo vivo, la realidad y lo fantástico. Avanzo a través de estos símbolos.
Su literatura es muy empática en el sentido sensorial. A los lectores nos duele el hueso de la mano cuando vemos la escena de tortura con el bolígrafo; estamos aterrorizados cuando la escritora se pierde bajo la tormenta de nieve; nos impresiona muchísimo la escena que graba el videoartista haciendo el amor con la vegetariana… O sea, recordamos de su libro, obviamente los argumentos, pero muchas sensaciones y muchas imágenes. Quisiera que me explicara un poco cómo trabaja eso, lo de provocar esas intensas sensaciones en quien está leyendo una página que no es más que papel. Le confieso que, tras el impacto de alguna escena, he tenido que dejar la novela un rato y volver a ella un poco más tarde.
Yo, cuando escribo, pienso en el tacto. Pienso en cómo describir la sensación física que tendría al estar ahí; lo sensorial es muy importante. Cuando escribo, utilizo mi cuerpo. Utilizo todos los detalles sensoriales de la vista, el oído, el olfato, el gusto; transmito ternura, calor, frío y dolor. He de notar que mi corazón se acelera y que mi cuerpo necesita comida y agua, camino y corro, siento el viento y la lluvia en la piel. Intento infundir en mis frases esas sensaciones vívidas, que se vea que la sangre está recorriendo mi cuerpo. Escribir es enviar al lector una corriente eléctrica. Y cuando siento que esa corriente se ha transmitido, me asombro y me conmuevo.
«La literatura tiene que tratar la fragilidad del ser humano»
Usted hace que la nieve pueda ser un monstruo amenazador, un estallido de pureza, un narcótico…
Es curioso lo que me ha dicho de que tiene que dejar el libro un rato. Porque, cuando escribo, yo tampoco aguanto sentada mucho tiempo. Escribo más o menos durante unos 30 o 40 minutos y ya no puedo más, mi concentración se acaba. Entonces me levanto, paseo durante otros 30 o 40 minutos o hago tareas de casa y luego vuelvo a escribir. Escribo corto y varias veces, a ráfagas.
Sus personajes o están enfermos, ya sea con jaquecas, como las que usted sufre, o están heridos o sangran o tienen problemas de salud mental. Es como si en este mundo fuera imposible estar sano. Hay muchos hospitales, centros de salud… ¿Qué nos está diciendo? Porque, a veces, parece que el manicomio está fuera de las paredes de esos centros, más bien en la calle.
Yo creo que el ser humano, todos nosotros, nacemos muy débiles. Y sucede igual cuando morimos, estamos muy débiles. Entremedio, no nos engañemos, nunca nos desprendemos de esa debilidad constitutiva; todos los seres humanos conservan ese lado débil, más o menos enterrado o manifiesto. Y pienso que la literatura tiene que tratar este tema, la fragilidad del ser humano. Mis personajes se relacionan entre ellos a través de su dolor, de su fragilidad, que es lo que los conecta. Sintiendo ese dolor te relacionas con otros. Yo creo que esa es una de las evidencias del amor, es decir, el sufrimiento te abre al otro. Es como si de repente hubiera encontrado el significado del amor, y mis novelas son novelas de amor.
«El sufrimiento te abre al otro»
En especial La clase de griego, que puede verse como un romance entre una muda y un ciego…
Todas hablan del amor porque hablan del dolor. Amar significa incluir, abarcar el sufrimiento del otro que te importa, el amor te hace empático. Nosotros sufrimos, nuestro cuerpo sufre, nuestra mente sufre, pero por medio de este proceso mantenemos relación con otros y, al final, amamos. Yo creo que eso es tener una relación. Por ejemplo, la escena en que Inseon se corta los dedos de la mano trabajando en el taller.
Todo ello lo hace imbricando a los personajes con la naturaleza, sin llegar al ideal extremo de la chica de La vegetariana, que parte de un verso del poeta Yi Sang: «Creo que los humanos deberíamos ser plantas».
En Imposible decir adiós me centro en el ciclo del agua, que se evapora, sube verticalmente hasta el cielo y luego se mueve también horizontalmente, por el viento y el mar. A través de esas líneas podemos saber que la tierra está unida. Todos estamos unidos y relacionados. Siempre pienso en eso cuando escribo, en cómo podemos establecer vínculos. La literatura une a las personas que viven en diferentes lugares, en diferentes épocas históricas, pero que están leyendo el mismo libro.
Una pregunta, una sola, sobre la situación política en Corea y el autogolpe de Estado del pasado diciembre.
Todo cambia constantemente, de una forma muy rápida. Yo sigo teniendo esperanza en que la cosa mejore. El día en que se declaró la ley marcial, el 3 de diciembre, hubo ciudadanos que impedían el paso de los tanques con su cuerpo, muchísima gente se movilizó para no repetir el pasado. Yo, viendo estas escenas, me conmoví mucho y tuve la esperanza de que todo irá bien. Ahora mismo, la situación no puedo decir que sea buena, sino bastante compleja, pero aun así creo que se solucionará.
«Mi tema es el amplio espectro de la humanidad, de lo sublime a lo brutal»
Su libro más distinto de todos es Blanco, una especie de diccionario de términos relacionados con ese color…
Al principio pensé, simplemente: «Voy a escribir sobre cosas blancas». Y luego me acordé de mi hermana mayor, que murió a las dos horas de nacer. Seguramente, sin su muerte, mis padres no hubieran decidido tenerme a mí. En la primera parte aparecen las cosas blancas desde mi punto de vista. En la segunda, presto mi cuerpo a mi hermana muerta, para que ella me diga las cosas blancas que ve. Pero mi hermana mayor y yo no podemos coexistir, porque si está una no puede estar la otra, así que, en la tercera parte, hacemos la ceremonia de despedida. Así es el libro.
En las escenas más crueles o salvajes, usted es capaz de encontrar belleza o actos nobles. ¿Puede explicar esta belleza que hay incluso en las cosas más horribles?
Dentro nuestro hay dos lados, uno oscuro y uno luminoso. Somos capaces de una crueldad horrible y de la mayor generosidad. Muestro ambos, pero yo siempre ando hacia la luz, porque estoy viva. Esto no es porque yo quiera, una decisión que haya tomado, sino una fuerza que me arrastra hacia esa senda luminosa. Ese es mi tema: el amplio espectro de la humanidad, de lo sublime a lo brutal, todo el abanico. Cuando leí durante tres meses documentos brutales sobre Gwangju se desmoronó mi fe en la humanidad. Me sentí frustrada, incapaz de seguir escribiendo, estuve a punto de abandonarlo todo. Pero encontré el diario de un miembro de la milicia civil que, antes de morir, anotó: «Oh, Dios, ¿por qué esta cosa llamada conciencia me atraviesa y me duele tanto? ¡Quiero vivir!». Vi que ese era el camino: avanzar hacia la dignidad humana. En mis obras futuras voy a seguir explorando ese camino. Por mucho que aborde lo oscuro, el sufrimiento, siempre —tanto en mi vida como en mis novelas— voy hacia la luz.
¿Ha soñado algo últimamente?
Sí. Estoy soñando mucho que estoy dentro de la naturaleza, en el bosque y luego en el interior de un glaciar hermoso, rodeada de árboles. Es un sueño muy placentero.
Esta entrevista hace parte de un acuerdo de colaboración entre el periódico El Tiempo y la revista Ethic.
lunes, 10 de noviembre de 2025
Lecciones sobre cambio terapéutico y lógicas no ordinarias
Lecciones sobre cambio terapéutico y lógicas no ordinarias

En 1988 se publicó El arte del cambio, texto con el que Giorgio Nardone inauguró esa actividad de veinte años cuyos resultados y éxitos se recogen y explican en este volumen.
Veinte años durante los cuales, a través de un uso terapéutico cada vez más consciente de la paradoja, la creencia y la contradicción -es decir, lógicas no ordinarias-, Nardone ha llegado a identificar aquellas constantes que permiten, caso por caso, elegir la estrategia más adecuada para abordar y resolver las patologías más importantes a escala individual, grupal o corporativa.
Una historia propia, Donna León echa la vista atrás...

Una serie de artículos breves donde encoraremos desde los primeros recuerdos, viajes de juventud, su trabajo en China, en Irán, su amor por Italia, su residencia en Venecia durante años hasta que la invasión turística le hizo buscar su nuevo hogar en Suiza.
La despedida no fue melancólica sino llena de agradecimiento por todas las cosas maravillosas que aprendió de los italianos.
Una de ellas es la "bella figura", una curiosa mezcla de elegancia, dignidad, saber estar, valorar los pequeños detalles de la vida cotidiana, la comida, caminar con la cabeza alta, la charla con amigos, conocidos y desconocidos y hacer de lo cotidiano algo siempre lleno de belleza y alegría de vivir ....
Y acaba con un Viva Italia, que muchos compartimos por iguales o diferentes razones...