sábado, 1 de agosto de 2026

Las lealtades y Las gratitudes. Delphine de Vigan



Buscaba algún libro en francés como lectura de verano y en la biblioteca pública me encontré dos libros de una autora francesa de la que hasta hace poco no había oído hablar pero que ha tenido mucho éxito comercial tanto en su país como en el nuestro y que muchas personas me habían recomendado. Las gratitudes se ha estrenado en el madrileño teatro de la Abadía.

Son dos novelas muy cortas y también muy intensas y originales, tanto por la temática como por la manera de presentar los hechos. A pesar de tener que buscar bastantes palabras que no conocía ha sido un disfrute este encuentro casual con una autora desconocida y brillante. 

Las lealtades me ha parecido especialmente clarificadora en su manera de abordar temas complejos dentro de la vida familiar y escolar y verlo desde la óptica de cada uno de los protagonistas, completando al final una imagen sorprendente y que te hace reflexionar sobre temas que creías entender...

https://www.lecturalia.com/libro/104424/las-gratitudes

«Hoy ha muerto una anciana a la que yo quería. A menudo pensaba: ”Le debo tanto.“ O: ”Sin ella, probablemente ya no estaría aquí.“ Pensaba: ”Es tan importante para mí.“ Importar, deber. ¿Es así como se mide la gratitud? En realidad, ¿fui suficientemente agradecida? ¿Le mostré mi agradecimiento como se merecía? ¿Estuve a su lado cuando me necesitó, le hice compañía, fui constante?», reflexiona Marie, una de las narradoras de este libro. Su voz se alterna con la de Jérôme, que trabaja en un geriátrico y nos cuenta: «Soy logopeda. Trabajo con las palabras y con el silencio. Con lo que no se dice. Trabajo con la vergüenza, con los secretos, con los remordimientos. Trabajo con la ausencia, con los recuerdos que ya no están y con los que resurgen tras un nombre, una imagen, un perfume. Trabajo con el dolor de ayer y con el de hoy. Con las confidencias. Y con el miedo a morir. Forma parte de mi oficio.»

A ambos personajes –Marie y Jérôme– los une su relación con Michka Seld, una anciana cuyos últimos meses de vida nos relatan estas dos voces cruzadas. Marie es su vecina: cuando era niña y su madre se ausentaba, Michka cuidaba de ella. Jérôme es el logopeda que intenta que la anciana, que acaba de ser ingresada en un geriátrico, recupere aunque sea parcialmente el habla, que va perdiendo por culpa de una afasia.

Y ambos personajes se involucrarán en el último deseo de Michka: encontrar al matrimonio que, durante los años de la ocupación alemana, la salvó de morir en un campo de exterminio acogiéndola y ocultándola en su casa. Nunca les dio las gracias y ahora querría mostrarles su gratitud...

Escrita con un estilo contenido, casi austero, esta narración a dos voces nos habla de la memoria, el pasado, el envejecimiento, las palabras, la bondad y la gratitud hacia aquellos que fueron importantes en nuestras vidas. Son las respectivas gratitudes las que unen a los tres inolvidables personajes cuyas historias se entrelazan en esta conmovedora y deslumbrante novela.


lunes, 27 de julio de 2026

Zahara Noguera, el yoga en verano. Yoga restaurativo







Cuando el calor aprieta y las temperaturas superan con facilidad los 30 °C, el cuerpo entra en un estado distinto. La energía se vuelve más dispersa, la fatiga aparece antes y la necesidad de pausa se hace más evidente. Forzar en estas condiciones —buscar el mismo rendimiento, la misma fuerza o la misma resistencia— no solo resulta innecesario, sino a menudo contraproducente.

El verano no es una época para presionar, sino para retener y escuchar. Huir de la ansiedad es más necesario que nunca.

Reducir la intensidad no significa renunciar a la práctica, sino refinarla. Cambiar el foco: de la exigencia al cuidado, del esfuerzo al sentir. Las sesiones se vuelven más suaves, más lentas, más «respiradas». El movimiento deja de ser un objetivo en sí mismo y se convierte en un vehículo para la atención. Aquí es donde el yoga encuentra otra profundidad.

Las prácticas como el Yin Yoga o el yoga restaurativo cobran especial sentido en esta estación. En lugar de encadenar posturas con dinamismo, se propone sostener, esperar, habitar. Permanecer varios minutos en una postura, permitiendo que el cuerpo ceda sin resistencia, que la respiración se amplíe y que la mente se aquiete poco a poco.

También la meditación encuentra un espacio privilegiado en el verano. Quizá porque el entorno invita —una tarde larga, una sombra tranquila, el sonido constante de la naturaleza— o quizá porque el cuerpo, menos saturado de actividad, se muestra más disponible para la quietud.

En este tipo de prácticas, el sistema nervioso se regula, el pulso interno desciende y aparece una sensación de descanso profundo que va más allá de lo físico. Es una forma de recargar energía sin agotarla.

Consejos para practicar Yin Yoga en verano

El Yin Yoga, con su carácter lento y profundo, es especialmente adecuado para equilibrar el exceso de calor y actividad.

• Reduce la intensidad del estiramiento: en verano el cuerpo ya está más flexible por el calor, así que no es necesario llegar al límite. Busca un 60–70% de tu capacidad.
•  Permanece entre 3 y 5 minutos por postura: el tiempo es clave, pero siempre sin generar tensión excesiva.
• Prioriza posturas en el suelo: como mariposa (Baddha Konasana), torsiones suaves o flexiones hacia adelante, que invitan a la introspección.
 Respira lento y profundo: la respiración será tu guía para evitar el sobreesfuerzo.
• Y ¡por supuesto! practica en un ambiente fresco o a la sombra: el Yin busca enfriar y calmar, no añadir más calor al cuerpo.

Pautas del yoga restaurativo veraniego

El yoga restaurativo es un refugio en los días más intensos. Aquí, el descanso es la práctica.

•  Utiliza soportes (cojines, mantas, bloques): permite que el cuerpo esté completamente sostenido sin esfuerzo.
• Mantén las posturas entre 5 y 10 minutos: el objetivo es soltar profundamente, no trabajar activamente.
• Incluye posturas que abran el pecho y favorezcan la respiración: como Supta Baddha Konasana(reclinada).
• Crea un ambiente calmante: luz suave, silencio o sonidos naturales, incluso una ligera brisa.
•  Finaliza con una relajación prolongada: Savasana de al menos 10 minutos puede marcar la diferencia.

Lejos de lo que podría parecer, este enfoque no frena el progreso: lo transforma.

Escuchar el cuerpo, respetar sus tiempos y adaptar la práctica a las condiciones reales —climáticas, físicas y emocionales— construye una relación más honesta y sostenible con el yoga. Una práctica que no depende de la intensidad, sino de la presencia.

El verano, con su calor y su luz, nos recuerda algo esencial: no siempre es necesario hacer más para avanzar. A veces, basta con hacer espacio:

  • Espacio para respirar más lento.
  • Espacio para moverse sin prisa.
  • Espacio para sentir.

Y en ese espacio, casi sin esfuerzo, ocurre algo sutil pero profundo: el yoga deja de ser una práctica que realizas… y se convierte en una forma en la que habitas.

miércoles, 22 de julio de 2026

Los jardines del Museo Arqueológico de Madrid



Un recorrido botánico por  los jardines andaluces por los jardines del Museo Arqueológico complementa la exposición Materia Viva.

Ejemplares de limón, naranjo amargo, madroño, lirios, zumaque, olivo, hiedra, mirto o arrayán, rosa, boj, y los usos tradicionales que han ido teniendo en la España andalusí.

 





sábado, 18 de julio de 2026

George Saunders, Literatura, empatía, compromiso y paciencia...







Literature, Saunders insists, can quiet our habitual thoughts just enough to invite “a little more empathy, a little more engagement, a little more patience,” effecting “incremental changes of consciousness on the part of the writer and the reader” — changes that have to do with unclenching the fist of story and certainty that is the self and hold out to the world the open palm of curiosity. He identifies three awarenesses we must eventually attain in order to wake up from the core delusions that keep our lives clenched, that stand between us and kindness:

You’re not permanent.

You’re not the most important thing. 

You’re not separate.

There are Buddhist precepts, but they are also the rewards of great literature — something Saunders captures beautifully in his introduction to the collected stories, essays, and poems of one of his own favorite writers, Grace Paley:

A great writer mimicking, on the page, the dynamic energy of human thought is as about as close as we can get to modeling pure empathy.

[…]

The world has no need to be represented: there it is, all around us, all the time. What it needs is to be loved better. Or maybe, what we need is to be reminded to love it and to be shown how, because sometimes, busy as we get trying to stay alive, loving the world slips our mind.

Showing us how has been his life’s work, whether or not Saunders realized it along the way — we are always insensible to our own becoming, bud blind to blossom. Two decades before he came to the question of kindness directly, he shone a sidewise gleam at its substrate — the relationship between storytelling and unselfing — in his prescient 2007 essay collection The Brainded Megaphone.



martes, 23 de junio de 2026

Margaret Atwood, recibe el doctorado honoris causa en la Universidad de Granada






La Universidad de Granada nombra doctora "honoris causa" a la escritora canadiense Margaret Atwood, que se pregunta sobre si las cosas empeoran para las humanidades quizá sea España un lugar donde se sigan cuidando.



 Ojalá tenga razón...





domingo, 21 de junio de 2026

Ursula K Leguin, The Marginalian

I believe that maturity is not an outgrowing, but a growing up: that an adult is not a dead child, but a child who survived. I believe that all the best faculties of a mature human being exist in the child, and that if these faculties are encouraged in youth they will act well and wisely in the adult, but if they are repressed and denied in the child they will stunt and cripple the adult personality. And finally, I believe that one of the most deeply human, and humane, of these faculties is the power of imagination: so that it is our pleasant duty, as librarians, or teachers, or parents, or writers, or simply as grown-ups, to encourage that faculty of imagination in our children, to encourage it to grow freely, to flourish like the green bay tree, by giving it the best, absolutely the best and purest, nourishment that it can absorb. And never, under any circumstances, to squelch it, or sneer at it, or imply that it is childish, or unmanly, or untrue. 

For fantasy is true, of course. It isn’t factual, but it is true. Children know that. Adults know it, too, and that is precisely why many of them are afraid of fantasy. They know that its truth challenges, even threatens, all that is false, all that is phony, unnecessary, and trivial in the life they have let themselves be forced into living. They are afraid of dragons because they are afraid of freedom.

 


 Our job in growing up is to become ourselves. We can’t do this if we feel the task is hopeless, nor if we’re led to think there isn’t any work to it. Growth will be stunted or perverted if a child is forced to despair or encouraged in false security, terrified or coddled. What we need to grow up is reality, the wholeness which exceeds human virtue and vice. We need knowledge; we need self-knowledge. We need to see ourselves and the shadows we cast. For we can face our own shadow; we can learn to control it and to be guided by it; so that when we grow into our strength and responsibility as adults in society, we will be less inclined, perhaps, either to give up in despair or to deny what we see, when we must face the evil that is done in the world, and the injustices and grief and suffering that we all must bear, and the final shadow at the end of all.

This is the paradox we must live with as we go on dying: that we are finite but unfinished, that maturity is not the prelude to mortality but the discovery of the immortal in us.

viernes, 19 de junio de 2026

El descanso consciente, Yoga Nidra, Marta Bort






Vivimos en una cultura que valora el movimiento, la acción y la productividad. Incluso dentro del yoga, no es extraño encontrar prácticas cada vez más intensas, agendas de formación exigentes y una tendencia a “hacer más” como respuesta al malestar. Sin embargo, muchas personas llegan a la esterilla cansadas, sobre estimuladas y con un sistema nervioso que no consigue apagarse ni siquiera en los momentos de descanso.

Cuando descansar deja de ser suficiente

En este contexto, descansar no siempre equivale a recuperarse. Dormir más horas, tumbarse o incluso practicar técnicas de relajación no garantiza necesariamente una sensación de reposo profundo. El cuerpo puede permanecer quieto, pero por dentro la activación continúa.

Aquí es donde el descanso consciente adquiere un valor esencial. No como una pausa superficial, sino como una experiencia capaz de ofrecer seguridad al sistema nervioso y permitirle salir, poco a poco, del estado de alerta sostenida en el que muchas personas viven hoy.

El Yoga Nidra se inscribe precisamente en este espacio. No como una técnica para “desconectar”, sino como una práctica que enseña a habitar el descanso desde la presencia, favoreciendo procesos profundos de regulación y reorganización interna.

Más allá de la relajación: el sistema nervioso como punto de partida

Cuando hablamos de estrés, cansancio o dificultad para descansar, a menudo ponemos el foco en la mente. Sin embargo, desde una perspectiva somática, estos estados están profundamente relacionados con el funcionamiento del sistema nervioso.

Un sistema nervioso sometido de forma prolongada a la exigencia, la prisa o la sobreestimulación tiende a mantenerse en un estado de activación constante. Incluso en ausencia de un peligro real, el cuerpo actúa como si tuviera que estar preparado para responder en cualquier momento. Este patrón sostenido afecta a la respiración, al tono muscular, a la digestión y a la capacidad de descansar profundamente.

En estas condiciones, la relajación voluntaria resulta limitada. El cuerpo no se relaja porque se le diga que lo haga, sino cuando percibe señales claras de seguridad. La regulación no ocurre desde el control, sino desde la experiencia directa de sostén, quietud y presencia.

El Yoga Nidra parte de esta comprensión. Su eficacia no reside en inducir un estado mental concreto, sino en crear un contexto en el que el sistema nervioso pueda reconocer que no es necesario reaccionar. La inmovilidad del cuerpo, la guía constante y la ausencia de exigencia generan un entorno interno propicio para que la activación disminuya de forma natural.

Desde ahí, el descanso deja de ser un intento y se convierte en una posibilidad real.

Qué es (y qué no es) Yoga Nidra

El Yoga Nidra se ha popularizado en los últimos años, y con ello han aparecido también múltiples interpretaciones. A menudo se presenta como una técnica de relajación guiada o como una forma de inducir el sueño. Aunque puede compartir algunos elementos con estas prácticas, reducir el Yoga Nidra a ese marco limita profundamente su comprensión.

El Yoga Nidra no es dormir, aunque pueda aparecer somnolencia. Tampoco es una visualización creativa orientada a generar estados agradables, ni una técnica para “desconectar” de la experiencia. En el Yoga Nidra, la atención no se pierde, sino que se mantiene presente en un estado particular de conciencia, situado entre la vigilia y el sueño.

En la tradición de Satyananda, el Yoga Nidra se comprende como un estado en el que el cuerpo descansa profundamente mientras la mente permanece receptiva. Esta combinación es clave. El descanso físico permite que el sistema nervioso disminuya su nivel de activación, mientras que la presencia de la atención evita que la experiencia derive simplemente en inconsciencia.

Otro aspecto fundamental es la ausencia de esfuerzo. A diferencia de otras prácticas en las que se pide dirigir, sostener o corregir la experiencia, en el Yoga Nidra no hay nada que lograr. No se busca un resultado concreto ni se evalúa la práctica en términos de “me ha salido bien” o “me ha salido mal”. Esta falta de exigencia crea un entorno interno de seguridad que resulta especialmente relevante para sistemas nerviosos fatigados o sobre estimulados.

El Yoga Nidra no actúa por acumulación de técnicas, sino por la calidad del estado que genera. La inmovilidad del cuerpo, la guía constante y la invitación a no intervenir permiten que capas profundas de tensión –física, mental y emocional– comiencen a soltarse de manera progresiva. No se trata de provocar una catarsis, sino de permitir un proceso de regulación que ocurre a su propio ritmo.

Comprendido así, el Yoga Nidra no es un complemento menor dentro de la práctica de yoga. Es un espacio específico donde el descanso deja de ser pasivo y se convierte en una experiencia consciente, capaz de sostener procesos de transformación más amplios.