jueves, 21 de enero de 2016

Instrumental/James Rhodes: a memoir of madness, medication and music



Without the damage Rhodes suffered in childhood, his journey from promising talent to professional pianist and musical ambassador might have been smoother. But without music, he wouldn’t have made it through. As a child, he learned to dissociate – to leave his body on the gym floor and float away. And at the piano, remembering more than 100,000 notes in a recital, he is both grounded and lost, oblivious yet in control.
What he went through as a child was extreme, and extremity is the keynote; we’re locked inside his head for long periods and it’s a manic place to be. But he is brilliant at describing precariousness – “I am only ever two bad weeks away from a locked ward” – and insightful on a range of mental health issues, including the highs he used to get from cutting.
http://www.theguardian.com/books/2015/jun/04/instrumental-a-memoir-of-madness-medication-and-music-james-rhodes-review
Kiko Amat entrevista al pianista James Rhodes




Una última cosa sobre música: en Instrumental afirmas que con instrucción adecuada todo el mundo puede tocar el piano. Permíteme dudarlo.
Es verdad. Te doy mi palabra.
Pero ¿no entra en juego la inclinación, el (llamémosle) talento innato? No sé: no todo el mundo puede jugar bien a fútbol, o escribir novelas, o barruntar sobre filosofía. Entra en consideración una parte de… De estar dotado de forma natural para algo, supongo.
Mira: si escribes mil palabras al día durante dos meses, al final tendrás sesenta mil palabras. Eso es una novela. A ver, no estoy diciendo que todo el mundo pueda decir: voy a ser concertista de piano, y en cinco años voy a llenar el Carnegie Hall, y cobrar doscientos euros por entrada, o escribir un concierto, o la Gran Novela Americana. Pero estoy firmemente convencido de que hay un número inmenso de piezas de música —de Chopin, de Bach…— que podrías dominar completamente en seis semanas, tocando una hora al día, con un teclado y cuatro clases. Quizás no en un gran concierto, sobre un escenario, pero para ti, para tus amigos. Qué gran cosa poder hacer algo así. No me cabe la menor duda de que eso es posible, del mismo modo en que todo el mundo puede aprender algunos acordes y tocar la guitarra. Una hora al día, unas semanas, y ya podrías tocar alguna canción. Lo garantizo al 100%. Lo sé.
Claro. Me creo que todo el mundo puede tocar el «You really got me», si se pone a ello. Pero ¿tiene todo el mundo el impulso, el tesón suficiente, para ponerse a ello? ¿Para desear hacerlo?
Creo que sí. Picasso dijo aquello de que «todos los niños son artistas; el problema es seguir siendo un artista cuando te haces adulto». Lo que sucede es que se nos arranca esa inclinación a los nueve, los diez, los once. Esa creatividad se estrella contra un muro de negativas, de cosas que no puedes decir, de cosas que tienes que hacer, no, no, no, más no… Pero si te libras de todas esas constricciones, la creatividad regresa.

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