viernes, 11 de diciembre de 2015

Mis héroes no pueden ser inocentes, porque yo no lo soy - J. Martínez Reverte

http://www.jotdown.es/2015/12/arturo-perez-reverte/
Tú reivindicas un cierto tipo de persona en tus novelas.
Sí, yo siempre tiro del mismo personaje. Distintas situaciones, momentos distintos, circunstancias históricas y personales variables… pero en realidad el personaje siempre es el mismo. Es un tipo de hombre o mujer ante unas circunstancias exteriores que le obligan a pelear, o a veces tiene que salir afuera a un mundo hostil, o es un Jenofonte buscando el mar, pero siempre es un tipo de ser humano con una vida concreta, que es la que yo tengo.
Es un personaje propenso al sacrificio inútil, a cumplir su deber de una forma resignada.
¿Sabes qué pasa? Que yo ya perdí la inocencia. Mis héroes no pueden ser inocentes, porque yo no lo soy. El héroe de corazón puro, noble y tal, que se sacrifica por la causa… está muy bien, no me meto con él, pero no me lo creo. No puedo trabajar con eso porque no me lo creería. Mis héroes no tienen fe, desde el cura de La piel del tambor al reportero de Territorio Comanche, pasando por Alatriste o el maestro de esgrima. No tienen fe, porque la vida les ha despojado de ella. Justamente ahí está el drama: ¿qué haces una vez te quitan la bandera, la ideología, a Dios, cuando dejas de ser Héctor y Aquiles y pasas a ser Ulises, cómo sobrevives entonces? A mí me interesa Ulises, claro, no Héctor y Aquiles, a los que no me creo. Yo hago novelas con el Ulises que la vida ha dejado en mi mirada.
Sí, pero tu Ulises tiende a sacrificarse.
Sí, claro, hay factores: están el amor, el arrebato, la amistad, el orgullo, los cojones… siempre hay un móvil. Pero para mí tiene más mérito el héroe cansado que el héroe sin cansar. El héroe inocente puede ser cualquier imbécil. Ser Héctor o Aquiles está chupado: te matan, sí, pero mueres por la patria, por Dios, vas al cielo, te ponen un monumento en tu pueblo… El otro es el que las pasa mal. El héroe que no tiene a nadie mirándolo, el que tiene remordimientos, que mató y violó en Troya y degolló a niños, y que además está atormentado porque sabe que su mujer le está poniendo los cuernos, y pierde a sus compañeros… Es un tío al final que no tiene más que sus redaños y su espada, y ahí hay una épica que sí me interesa mucho, de ahí salen mis novelas. No es un heroísmo normal, es un heroísmo retorcido: no lo haces por la patria; lo haces por una mujer, por echar un polvo, por ser rico, por venganza… Por pasiones sólidas, oscuras y sangrientas, pero no por una gilipollez como la patria o Dios. Esos son mis héroes, y por eso el lector que me lee y al que le gustan mis libros sabe, reconoce y le gusta moverse en ese territorio, porque se siente cerca de ese tipo de heroísmo. Si mis novelas funcionan es precisamente por ese lector que se identifica con —o al menos comprende o le fascina, o fue o quiere ser— ese tipo de personaje. Mi éxito como escritor se basa menos en mis tramas que en mis personajes.
Hombre, todo ayuda.
Sí, pero ya entiendes lo que quiero decir: sin esos personajes, mis novelas serían aventuras. Y en realidad, la aventura es solo un pretexto. Lo que me gusta es que un lector mío reconoce las novelas por su personaje, y dice: este tío es revertiano. Para un autor es un orgullo que te reconozcan más por tus personajes que por tus tramas.
La entrevista completa puede leerse en: 

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